EL AUTÉNTICO OLOR A TIERRA MOJADA EXPLICADO POR LA CIENCIA

En primavera y verano se produce un fenómeno químico que se queda grabado en nuestras fosas nasales y nuestros recuerdos. El olor a tierra mojada en realidad no es olor a tierra.

Cuentan que un día un árabe le pidió a su jardinero que en su mansión consiguiera que la tierra oliera como cuando acaba de llover. Había descubierto ese fascinante olor en las tierras españolas y quería llevarlo al desierto. Ese olor, que para los españoles era tan natural no abundaba en el desierto. Lo que el árabe no sabía es que la clave del olor a tierra mojada está en la ciencia.

Lo que nosotros olemos no es la lluvia ni la tierra sino una combinación de ambos provocado por un ser vivo, concretamente una bacteria.

Cuando llueve las gotas de agua caen a la tierra seca, donde se encuentra la Streptomyces coelicolor. Esta bacteria inofensiva produce una serie de esporas durante las épocas de sequía que, al contacto con el agua liberan una sustancia llamada geosmina (que significa en griego, “aroma de la tierra”). Este alcohol es lo que nosotros identificamos como olor “a tierra mojada” y que nos trae tantos recuerdos.

¿Por qué nos gusta tanto este olor? Los antropólogos creen que está relacionado con algo primitivo. Al oler la geosmina, nuestros ancestros reconocían la presencia de agua en el ambiente, lo que significaba a su vez que terminaba la época seca y llegaba el despertar de la naturaleza que proporcionaba un aumento de las posibilidades de supervivencia.

Aunque ahora el agua es un bien que está más garantizado, todavía no ha pasado tiempo suficiente como para que la evolución nos haga olvidar la información procesada en nuestro cerebro.

Si para los humanos este olor es algo anecdótico o un bonito recuerdo, para los animales puede ser la diferencia entre la vida y la muerte. Los camellos que habitan en el desierto del Gobi pueden encontrar agua a más de 80 kilómetros de distancia y todo gracias a la geosmina.

La geosmina también puede ser utilizada por algunas plantas para lograr una mayor polinización. Es el caso de los cactus y las plantas amazónicas que producen esta sustancia (recordemos que son plantas con muchas concentraciones de agua) para atraer a los insectos. Estos acuden en busca del agua pero no pueden acceder a ella con lo que se marchan sin saber que llevan consigo las esporas de la planta para una nueva polinización.

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