¿PARA QUÉ SIRVEN LAS ESTACIONES?

El 20 de marzo arranca la primavera y lo hace con varias provincias en alerta por nieve y lo que se considera un tiempo invernal. Entonces, ¿para qué tenemos estaciones?

Antes de nada es importante conocer el funcionamiento de las estaciones. En la Tierra tenemos cuatro bloques de tiempo en los que se divide el año terrestre de forma astronómica. Esto es así porque la Tierra gira alrededor del sol (la órbita), pero también sobre sí misma (eje); es la inclinación del eje de la Tierra lo que provoca los cambios en el clima. Durante su tránsito alrededor del Sol y al tiempo que el eje terrestre varía su inclinación, los rayos solares llegan al planeta en diferentes grados, creando bloques climatológicos distintos en función del momento del año.

Con la inclinación de la Tierra algunas regiones quedan más cerca del Sol y por lo tanto reciben más calor. Sin embargo, en las partes más alejadas la temperatura será más baja y los días serán menos luminosos.

El inicio de las estaciones viene marcado por cuatro fenómenos astronómicos: los solsticios de verano e invierno y los equinoccios de primavera y otoño. Los solsticios se producen cuanndo el Sol está en su punto más alto o más bajo con respecto a la tierra y marcan el momento en el que las horas de luz son mayores o menores. Suelen producirse el 21 de junio y el 21 de diciembre, aunque el momento exacto puede variar algunas horas. Ese es también el momento que marca el inicio del verano o del invierno al mismo tiempo en los hemisferios norte y sur.

Por su parte, durante los equinoccios el eje de la Tierra está en su punto más recto y los rayos del Sol caen sobre el Ecuador. Ocurre sobre el 20 de marzo y el 22 de septiembre e indica el inicio de la primavera y el otoño, respectivamente.

Sabiendo que existen cuatro estaciones y cómo se producen se puede deducir para qué sirven. Si tuviéramos una sola estación habría muchas especies que no podrían ser cultivadas e incluso algunos seres vivos serían extinguidos. En aquellos lugares en los que no hay grandes cambios entre las estaciones (como los polos, donde se vive un invierno permanente), la vida es menor y menos variada.

Las estaciones favorecen los ciclos de vida de las plantas y de los animales, permitiendo el equilibrio del planeta. En invierno muchos animales hibernan y las plantas dejan caer sus hojas para ahorrar energía. El regreso del calor y de la luz solar de la primavera trae consigo la explosión de las flores y el nacimiento de nuevas crías que crecen durante el verano, momento de recoger también los frutos de las cosechas. En otoño las crías se preparan para abandonar el hogar mientras en las plantas llega el turno de plantar nuevas semillas para el año que entra. El ciclo se repite anualmente permitiendo la vida.

Además de estos cambios que se repiten anualmente, la Tierra atraviesa a lo largo de los años por etapas de más calor o más frío. Es el cambio climático que provoca épocas de glaciación o calentamiento global. El cambio climático no solo está provocado por causas naturales, sino también por la acción del hombre y se caracteriza por una polarización de las temperaturas (o muy frías o excesivamente cálidas) que dificultan las condiciones de vida.

El aumento de la temperatura de la Tierra podría provocar para 2050 hasta 17 millones de inmigrantes en América Latina por culpa de la escasez de agua, baja productividad agrícola (promovida por la destrucción de las cosechas debido al excesivo calor de la Tierra) y la subida del nivel del mar. La existencia de periodos del año con temperaturas más altas y otros con temperaturas más bajas posibilita la vida en la Tierra tal y como la conocemos.

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