“EL PRINCIPITO”, 75 AÑOS DESCUBRIENDO EL VALOR DE LA VIDA

La obra más conocida de de Antoine de Saint- Exupéry cumple 75 años convertida en toda una lección sobre la esencia de la vida.

"El principito” no nació como la gran obra que es hoy. Su autor, Antoine de Saint-Exupéry creó a este entrañable personaje en los márgenes de las cartas que envía a sus amigos estadounidenses desde el exilio. Refugiado en el viejo continente fue dando vida al principito a medio camino entre la fábula y el escapismo.

De Saint-Exupéry, escritor y aviador, plasmó en esta novela detalles de su infancia como su nacimiento en Líbano y su accidente en avión, para contar de forma casi autobiográfica el encuentro entre un piloto perdido en medio del desierto y un pequeño príncipe que asegura proceder de otro planeta. Este relato sencillo y lleno de poesía, se convierte en una gúia para redefinir la vida que, entre otras cosas, invita a niños y adolescentes a comprender que la vida también es entender que las cosas acaban y a superar las pérdidas.

Una obra que nos enseña el verdadero valor de la amistad, la necesidad de reencontrarnos con el niño que llevamos dentro y no perder la inocencia y la sencillez a la hora de ver las cosas. A través de los relatos del joven alienígena descubrimos la importancia de valorar el amor de los demás del mismo modo que valoramos nuestra propia vida. Así lo hace, por ejemplo, cuando el joven príncipe recuerda la flor que dejó en su planeta:

“¡No supe comprender nada entonces! Debí juzgarla por sus actos y no por sus palabras. ¡Ella perfumaba e iluminaba mi vida! ¡No debí haber huido! ¡No supe reconocer la ternura detrás sus pobres astucias! ¡Son tan contradictorias las flores! Y… yo era demasiado joven para saber amarla."

Gracias al principito comprendemos mejor el cambio que produce la amistad en nuestros corazones. Tras conocer a un zorro y domesticarlo, explica al aviador el cambio que se produjo en él: “No era más que un zorro semejante a cien mil otros. Pero yo le hice mi amigo y ahora es único en el mundo”. En otro momento advierte que los adultos a veces damos por sentada la amistad sin valorar su importancia:

“Tener un amigo es un verdadero privilegio y si uno se olvida de ellos se corre el riesgo de volverse como las personas mayores que sólo se interesan por las cifras y los números. Para evitar esto, he comprado una caja de lápices de colores.”

Pero si hay una lección que dejó esta obra fue la de ver al otro, conocerlo de verdad sin prejuicios ni barreras que nos puedan dar el entorno o nuestros miedos. Antoine de Saint-Exupéry, exiliado a Europa por culpa de un falso rumor que lo relacionaba con los alemanes en el periodo de entreguerras, pide a través de su álter ego infantil ver con el corazón. “Solo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible a los ojos”, explica. Una súplica de un hombre que murió sin conocer el impacto que esta obra menor había provocado en millones de personas.

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