EL VATICANO INVITA A ENCONTRARSE CON DIOS EN VENECIA

La Santa Sede ha presentado las 10 capillas con las que está participando en la Bienal de Arquitectura de Venecia, un recorrido por la fe católica sin perder de vista el sentido estético.

El bosque de la isla de San Giorgio Maggiore, en Venecia, se ha llenado este mes de pequeñas capillas que invitan al visitante a comunicarse con Dios a través de sus múltiples dimensiones. En total son 10 las creaciones encargadas por el Vaticano para la Bienal de Arquitectura de Venecia, creada para la exhibición y desarrollo de las propuestas arquitectónicas del momento.

Las obras, que se estrenaron este fin de semana, están firmadas por estudios como Flores & Prats en Barcelona y arquitectos como el británico Norman Foster o el portugués Eduardo Souto de Moura. A ellos, el presidente del Pontificio Consejo de la Cultura, el cardenal Gianfranco Ravasi tan solo les había pedido dos cosas: la colocación de un atril de pie para leer los Evangelios y un altar.

La libertad total de los autores para estas “Vatican chapels” da como resultado una interpretación muy interesante sobre los que es una capilla hoy en día y los diferentes matices del sentimiento religioso. En madera, aluminio, cemento, roca o cristal, las piezas invitan al paseante a reflexionar sobre la vida, a perderse en el medio del mundo o a reecontrarse con Dios.

Así surgen creaciones como la de Norman Foster, quien dice que su obra está pensada para mejorar con el tiempo. La idea es que las plantas acaben enredándose en las barras verticales de madera para ir creando una nueva pieza viva.

Otros como los arquitectos españoles Ricardo Flores y Eva Prats han optado en su “Capella del matí” (“Capilla de la mañana”) por una estructura en yeso en la que lo que predominase fuese el color y el sol que se cuela por las mañanas a través del óculo situado en su pared principal.

 

 

El proyecto está basado en “La Capilla del bosque” que Eric Gunnar Asplud levantó en 1920 en el cementerio de Estocolmo. A ella le hace un homenaje el paraguayo Javier Corvalán. Como explica a Efe su capilla redonda, con dos círculos flotantes tiene el mismo tamaño que “el espacio central de la capilla de Asplund”.

Las creaciones estarán en el bosque de San Giorgio Maggiore hasta el 25 de noviembre; a partir de ese momento el Vaticano podrá elegir entre dejarlas ahí para disfrute de los venecianos, desmontarlas y trasladarlas a otros países que las pidan o enviarlas a una delegación en Polonia, que ya se ha interesado por ellas para llevarlas a un parque natural del país.

Con estas capillas la Santa Sede da un paso más en su estrategia de acercamiento de la religión a los múltiples aspectos de la vida convencional así como a un intento por seguir conectando con el transcurso de los años y recuperar el espíritu de mecenazgo que se ha asociado siempre a la Iglesia Católica. Van en la línea de la exposición “Heavenly Bodies” del Museo Metropolitano de Nueva York y para la que el Vaticano ha prestado varios trajes.

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