EL SECRETO DE LAS TORRIJAS

Cada año en Cuaresma y Semana Santa las torrijas vuelven a las casas españolas. Un dulce sencillo que tiene una larga tradición.

Las torrijas nacieron en la Edad Media; hay registros sobre ellas en el recetario “De re coquinaria” (s. IV-V) referidas como tipo de dulce. A lo largo del tiempo, las variaciones fueron muchas y se extendió por gran parte de Europa.

Durante siglos, el postre de pan dulce se elaboraba sin azúcar (que se introdujo en Europa gracias a los árabes) y con vino (pues la leche se cortaba en seguida y no todo el mundo tenía acceso a ella). La receta más “moderna” (la que incluye ya la leche y el azúcar) data del siglo XV y su consumo estaba destinado principalmente a las mujeres recién paridas.

Después de dar a luz, las mujeres pasaban el puerperio (o también llamado “cuarentena” es el período de 40 días que sigue al parto) en casa al cuidado de amigas y familiares. En esos primeros días, necesitaban un gran aporte calórico para poder amamantar al bebé y las torrijas, por su composición, eran el plato perfecto.

Hasta pasado el siglo XVII, las torrijas seguían siendo un postre exclusivamente de parturientas e invitados a ver al recién nacido. Sin embargo, a partir de finales de 1.600 los productos necesarios para la elaboración de las torrijas se fueron abaratando y empezaron a llegar a las casas en otros momentos de la dieta. De ese modo, en algún momento entre el siglo XVIII y el XIX, las torrijas llegaron también a los conventos y monasterios para convertirse en un postre de Cuaresma y Semana Santa.

Las monjas y sacerdotes debían guardar en Cuaresma una dieta estricta, con ayuno y menús de vigilia en los que no se incluyera carne. Las torrijas, por su elaboración, no incumplían los preceptos de la Iglesia (que se fueron relajando con el paso del tiempo) y proporcionaban un aporte calórico que ayudaba a pasar mejor los tiempos de abstinencia. Además, los productos eran baratos y fáciles de conseguir, por lo que no se entendía como un lujo.

La tradición cristiana de España ha hecho que este postre permanezca ligado a este tiempo de preparación para la Pascua y recogimiento previo a la llegada de Dios.

La receta actual estandarizada y aprobada por todos consiste en pan blando remojado en leche con canela, rebozado, frito y espolvoreado con azúcar. Sin embargo, que los que se consideran puristas de la receta, sigan estos pasos y cocinen con estos ingredientes no significa que no se acepten otras elaboraciones. Todavía se pueden realizar con vino o con miel en lugar de leche y azúcar, a la manera antigua. Pero además, se puede ver en algunos establecimientos, cómo a la torrija se le añade plátano o Nutella, e incluso se sustituye la leche por horchata o Baileys. Un toque diferente y variado para seguir disfrutando de un postre “de toda la vida”.

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