EL PRECIOSO GESTO DE TODO UN AVIÓN CON UN PASAJERO SORDOCIEGO

“No recuerdo haber visto a tanta gente corriendo para preocuparse por un ser humano”. “Ha sido un bonito recuerdo, en este tiempo de horrores, de que hay todavía gente buena que está dispuesta a ocuparse de los demás”.

 Con una imagen y un precioso texto, Lynette Scribner ha recordado al mundo lo maravillosa que puede ser la bondad humana. Lynette viajaba en un avión desde Boston cuando se fijó en un pasajero que iba en su mismo vuelo. El hombre, llamado Tim Cook, de 64 años, era sordo ciego y, hasta la puerta de embarque, estuvo acompañado por su hermana, a la que había estado visitando. Pero una vez dentro, Tim iba a estar solo, o eso pensaba.

Como explica en su publicación, la situación de Tim hacía que comunicarse con él no fuera una tarea sencilla. “Las asistentes de vuelo querían asistirle, pero no tenían forma de comunicarse con él.” Aún así, intentaron por todos los medios crear algún tipo de interacción y no pestañeaban cuando él trataba de tocarles la cara y los brazos para pedir algo.

Tim consiguió un aliado en el asiento de al lado, Eric; otro pasajero que le cedió su sitio para que tuviera más capacidad de movimiento (el sitio destinado a Tim era el del centro de la fila y el de Eric el del pasillo). Le ayudó con las cosas más triviales como abrirle el café o acompañarle para ir al baño, pero no podía hacer mucho más por él.

Fue entonces cuando otro ángel de la guardia salió al rescate. Clara Daly, una adolescente de 15 años que volaba ese día porque su vuelo original había sido cancelado y que había aprendido lengua de signos porque al tener dislexia “era la lengua más fácil de aprender”. La joven se ofreció a ayudar a Tim y durante el resto del vuelo “atendió a Tim y se aseguró de que sus necesidades eran atendidas”.

Como explica Lynette, ver el intercambio entre ellos dos fue algo “fascinante.” “Él era capaz de ‘leer’ su signado y ver su animada conversación.” Hablaron de distintos temas, y Tim contó a Clara que había trabajado como viajante hasta que se quedó sordo y ciego y le preguntó a la joven qué estudios quería cursar cuando se graduara. El ambiente se distendió hasta el punto que en un momento dado, Tim preguntó sobre Clara si era guapa, y ella se rio al tiempo que Eric, “que había aprendido algunos signos, le dio un entusiasta sí a Tim”. Muy pronto hasta los pasajeros de las filas contiguas estaban “riendo, sonriendo y disfrutando esta delicia tan evidente de tener a alguien con quien poder hablar”.

El mensaje termina con una preciosa reflexión de Lynette, que confiesa que no recuerda “haber visto a tanta gente corriendo para preocuparse por un ser humano”, empezando por las asistentes de vuelo “que hicieron lo imposible por atender a Tim”, siguiendo por Clara “que no se lo pensó dos veces a la hora de ayudar a otro pasajero” y por supuesto Eric y su “inmediata diligencia para ayudar”. “Ha sido un bonito recuerdo, en este tiempo de horrores, de que hay todavía gente buena que está dispuesta a ocuparse de los demás”.

La historia se ha vuelto viral en unas pocas horas, acumulando más de 700.000 reacciones y siendo compartida otras tantas veces. Además, ha ayudado a visibilizar la soledad que sufren aquellas personas sordociegas, que son incapaces de comunicarse con otras personas. Gracias a la generosidad de Clara, Tim pudo recuperar parte de su dignidad.

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